Principio de prudencia




La contabilidad es un pilar fundamental en el mundo empresarial y financiero, proporcionando información clave para la toma de decisiones. Dentro de los principios contables que guían esta disciplina, uno de los más esenciales es el Principio de prudencia, junto con el principio de devengo. 

Este principio se basa en la premisa de ser cauteloso al valorar los activos y reconocer los pasivos, asegurando que la información financiera sea conservadora y confiable.

Es mejor ser precavido y registrar las pérdidas y gastos lo antes posible, incluso si aún no se han producido definitivamente. Esto permite que la información contable refleje una imagen fiel del estado de la empresa, y que los usuarios de esta información puedan tomar decisiones con la máxima información disponible.

¿Qué es el principio de prudencia?

La idea central del principio de prudencia es que las empresas deben contabilizar los beneficios sólo cuando estos sean ya ciertos (estén ya realizados), mientras que los riesgos y pérdidas deben contabilizarse tan pronto como sean conocidos. 

El significado que asumen los términos de beneficio y pérdida en el principio de prudencia es diferente al que reciben estos términos en la cuenta de pérdidas y ganancias.

En el Principio de Prudencia, los términos beneficios y pérdidas se emplean para nombrar el resultado, positivo o negativo, de una operación (la venta real o posible de un vehículo, de una patente, de un ordenador, etc.)

Mientras que en la Cuenta de Pérdidas y Ganancias, estos términos se utilizan para nombrar el resultado, positivo o negativo, que se obtiene al comparar las partidas de ingresos y gastos en los que ha incurrido la empresa durante un periodo.

Ejemplo del principio de prudencia





Para comprender mejor este principio, vamos a ver un ejemplo práctico.

Una empresa tiene sus oficinas en un edificio de su propiedad. El valor contable del inmueble es de 2.000.000€, estando incluido el valor del terreno y de la construcción.

Debido al continuo movimiento que experimenta el valor en el mercado de estos inmuebles, vamos a imaginar dos casos:

a) El precio de mercado del inmueble sube a 2.200.000€

b) El precio de mercado del inmueble baja a 1.800.000€

En el primer caso, si la empresa decide vender el edificio, obtendría un beneficio de 200.000€, en cambio en el segundo caso tendría una pérdida de 200.000€.

Mientras la empresa no venda el edificio, el resultado de la operación (sea beneficio o pérdida) es una suposición.

En cuanto los directivos conozcan que el valor de mercado del inmueble ha bajado a 1.800.000€ (apartado b) deben anotar la posible pérdida de 200.000€, en cambio el beneficio de apartado a) sólo se va a anotar cuando la empresa venda realmente el edificio.

El principio de prudencia y la toma de decisiones

El Principio de Prudencia es crucial para la toma de decisiones. Al ser cautelosos en la valoración de activos y el reconocimiento de ingresos, los estados financieros reflejan una imagen más realista de la situación financiera de la empresa.

Esto es esencial para que los gerentes, inversores y otros interesados tomen decisiones basadas en una información confiable y conservadora.

Aspectos contables del Principio de Prudencia

Desde el punto de vista contable, la aplicación del Principio de Prudencia implica la creación de reservas para hacer frente a pérdidas anticipadas. Estas reservas actúan como un amortiguador financiero, asegurando que la empresa tenga los recursos necesarios para hacer frente a contingencias futuras.

El principio de prudencia

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